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De los cuatro Beatles, George Harrison se caracterizó por ser el más discreto, el más espiritual, siempre a la sombra, por voluntad propia, de las luces, fama y atención que atraían sus compañeros John Lennon y Paul McCartney. Por eso se le conoció como “el beatle tranquilo”.

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Harrison fue guitarrista y compositor de la banda más famosa y reconocida del mundo, pero también tuvo una brillante carrera de solista, en la que finalmente pudo explorar todo aquello que siempre quiso hacer como músico y The Beatles no le permitió a cabalidad.

Desde pequeño escuchaba todo tipo de música por la radio, desde el viejo music-hall británico hasta el country de Hank Williams. A los trece años le compró a un amigo su primera guitarra, por algo más de tres libras. Por entonces se hizo amigo de Paul McCartney, con quien realizaba el mismo trayecto diario en autobús. Paul le presentó a John Lennon, con quien formaba el grupo The Quarrymen.

George se uniría a ellos más tarde, ya que entonces era demasiado joven. Paul era nueve meses mayor, y John le llevaba dos años. Por entonces, estaba enamorado de Fats Domino, Elvis Presley y del rock, aunque lo que tocaba era skiffle, una especie de rockabilly en el que la percusión consiste en una escobilla frotando una tabla de fregar, y cuyo máximo ídolo era Lonnie Donegan.

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Harrison participó desde el inicio con The Beatles, emprendiendo el vuelo cuando, en 1962, el manager Brian Epstein les consiguió un contrato y grabaron con George Martin “Love me do”. En pocos meses, el grupo se convirtió en un fenómeno de masas en Gran Bretaña, y en 1964 en el grupo favorito de América con “I want to hold your hand”. La película “A hard day’s night”, estrenada el mismo año, hizo de la “beatlemanía” un fenómeno mundial.

La primera canción de George que apareció en un disco de los Beatles fue “Don’t bother me”, pero sus composiciones no tuvieron apenas salida hasta años más tarde. Su contribución como guitarra solista al sonido de la banda fue decisiva. Sus punteos afilados y melódicos, herederos de Chet Atkins y Carl Perkins, y su acompañamiento vocal a las armonías de John Lennon y Paul McCartney fueron sus señas de identidad más características.

Para “Abbey Road” aportó dos de sus mejores composiciones: “Here comes the sun” y “Something”, el primer single de los Beatles no firmado por Lennon-McCartney, que fue número uno en ventas en Estados Unidos.

Superó el rompimiento de la banda pronto, y empezó su carrera solista con el pie derecho, gracias al sencillo “My sweet lord”, una oda al Hare Krishna que fue el primer número uno en ventas logrado por un beatle en solitario. Años más tarde, sin embargo, tuvo que pagar una cuantiosa multa por ese tema, acusado de ser un plagio involuntario del “She’s so fine”, de The Chiffons.

Harrison se alejó de la vida pública tras el asesinato de Lennon en 1980, pero tiempo después, se sumó al curioso proyecto The Traveling Wilburys, un supergrupo junto a Bob Dylan, Tom Petty, Jeff Lynne y Roy Orbison.

A mediados de los noventa, Harrison libró una batalla contra el cáncer debido a su condición de fumador, misma enfermedad que reapareció en 2001, pero se convirtió en terminal, arrebatándole la vida el 29 noviembre de ese año.

Su pérdida conmocionó a generaciones enteras en todo el mundo, sólo un año después de que los Beatles volvieran al número uno de ventas con el recopilatorio “Anthology”. Su legado en la obra de la banda más famosa del mundo y dentro de la música rock es indiscutible.

El carácter retraído y a veces esquivo de George le valió el apodo de “el beatle silencioso”, “serio”, o incluso “místico”, por su afición a las religiones orientales, en oposición a la exuberancia y el magnetismo de sus compañeros de banda; sin embargo, a su muerte, sus amigos recordaron principalmente su humanidad, su cáustico sentido del humor y su capacidad para disfrutar de la vida y de aficiones mundanas como la jardinería y los coches deportivos.