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El pilar conocido como Puente de los Bergantines, en Texcoco, es una estructura que conmemora el lugar donde se cree que Hernán Cortés mandó construir barcos o bergantines para conquistar Tenochtitlán.

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A inicios del siglo XIX el sitio era llamado “Puente de los Bergantines”, ya que los vestigios anteriores al pilar semejaban un puente. Según Carlos María Bustamante, “existe aún un cal y canto fuerte que sirvió de muelle para botar los bergantines. Este es punto limítrofe entre la hacienda de Chapingo y Texcoco. Hoy es aquel lugar tierra firme, pues la laguna se ha retirado a gran distancia. Llámanle con error puente de los bergantines, no fue sino un astillero.”

Sin embargo, este sitio no sería la orilla del lago de Texcoco en 1521, sino uno de los muchos canales desde los cuales los indígenas salían al lago. Al respecto, Bernal Díaz del Castillo decía que “Cortés le demandó mucha copia de indios trabajadores para ensanchar y abrir más las acequias y zanjas por donde habíamos de sacar los bergantines a la laguna desde que estuviesen acabados y puestos a punto para ir a la vela; y se le dio a entender al mismo don Hernán y a otros sus principales a qué fin y efecto se habían de hacer, y cómo y de qué manera habíamos de poner cerco a México”.

Posteriormente describió la tarea terminada: “Volvíamos a decir de nuestra zanja y acequia por donde habían de salir los bergantines a la gran laguna, y estaba ya muy ancha y honda, que podían nadar por ella navíos de razonable porte; porque, como otras veces he dicho, siempre andaban en la obra ocho mil indios trabajadores”.

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Para 1913, Edith O’Shaughnessy ya menciona el pilar: “Ahí hay una gran columna cerca de Chapingo la cual señala el lugar donde Cortés botó su bergantín…”, y también señala el puente al hablar de una pulquería: “Ahí estaba una muy buena cerca del pequeño puente virreinal, con un maltratado escudo de armas, justo antes de entrar a Texcoco llamada Las Bergantinas”.

Algunas personas creen que este pilar es una afrenta a la dignidad nacional porque celebra la Conquista española, y en realidad obedece a una lógica muy distinta. El Texcoco que Cortés conoció era gobernado por Cacamatzin, quien fue impuesto por Moctezuma Xocoyotzin a la muerte de Nezahualpilli, rey de Texcoco.

La complejidad en la sucesión de los señores de Texcoco hizo que algunos habitantes apoyaran al español, deponiendo a Cacamatzin y sustituyéndolo por Coanacochtzin, quien gobernó Texcoco de 1520 a 1521.