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Hoy en día, la presión social es un factor muy importante que causa desequilibrio en las familias. Tanto niños como adolescentes y adultos sienten una gran ansiedad por el miedo a no lograr lo que se considera “éxito”.

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Somos seres humanos necesitados de reconocimiento y a veces estamos dispuestos a sacrificar demasiado por obtenerlo. No cumplir con lo establecido socialmente equivale al fracaso y, por tanto, al rechazo de los otros. Tendemos a confundir la felicidad con el “status” y éste con posesiones.

Esta época está marcada por la ansiedad y el estrés, los cambios en el seno familiar, la imposición de diferentes paradigmas de educación y disciplina. Por eso los seres humanos no sabemos demasiado bien a qué atenernos y los jóvenes no son la excepción.

Si antes creíamos que la presión recaía en la adolescencia, una edad en la que uno está en busca del reconocimiento y de ese sentimiento de pertenecer a determinado grupo de amigos, en la actualidad, este fenómeno se está dando desde la infancia, donde las “necesidades” son demasiadas: hay que estar al día con la moda, tener iPhone, una computadora, dinero suficiente para las salidas con amigos, etc.

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Hay mucho miedo de ser diferente y esto los enfrenta a la soledad y el rechazo; tanto niños como adolescentes sienten que tiene que actuar y hasta hablar de cierta manera. Esta situación social trae consigo consecuencias como bullying, depresión, enfrentamientos con los padres que no comprenden a sus hijos, confusión, culpa y lo más preocupante, las conductas de riesgo. Esto es un problema grande, ya que en la escala de valores de los jóvenes, lo más importante es ser aceptado y pertenecer.

Pero también los padres de hoy están sufriendo debido a esta presión social. Sienten un gran peso porque para ellos es muy importante que sus hijos pertenezcan y también ellos tienen la necesidad de pertenecer.

Elevadas colegiaturas, campamentos, fiestas, clases fuera de la escuela, una serie de gastos que parece no tener fin, son solo algunas de las cosas que se cree que los niños y adolescentes necesitan para ser felices. Nada más lejos de una realidad, pues esto forzosamente nos lleva a un tema económico, el cual puede generar mucho estrés y también ocasiona problemas de pareja y de familia.

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El problema no es solo económico, también hay enfrentamientos entre padres e hijos por los permisos, por la manera de ver la vida. Los padres terminan permitiendo situaciones sin estar de acuerdo y que no son propias de la edad en la que están sus hijos. De ahí que cada vez los jóvenes se inicien en el consumo de alcohol y tabaco, así como del ejercicio de su sexualidad a edades muy tempranas.

En este punto, los padres se ven atrapados en disyuntivas porque con todo y buenas intenciones, quieren a sus hijos y por ello, trabajan duro para que no les falte nada, pero al mismo tiempo no quieren que sus hijos sufran, ni que se queden fuera y sin quererlo los ponen en riesgo. No se atreven a decir “NO”, porque muy posiblemente sus hijos queden marginados del grupo.

Un adolescente nunca dejara de buscar la aceptación del grupo, es parte de su proceso natural, pero un adulto debe reflexionar acerca de esto. Esta presión por mantener un “status”, un “estereotipo” ocasiona problemas de salud: padres desesperados que comienzan a perderse, entran en deudas enormes, realizan trabajos ilegales para poder tener más entradas de dinero, adolescentes que están dispuestos a correr muchos riesgos.

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Ceder tiene un precio, ¿estás dispuesto a pagarlo como padre? El precio es dejar tus convicciones y ser esclavo de los que te rodean. ¿Cómo salirse del torbellino social? Haz una lista de los valores que son importantes para ti y comienza por transmitírselos a tus hijos. La vida siempre nos presentará situaciones difíciles y eso es inevitable. Un “NO” a tiempo ayudará mucho en su preparación para la vida.

De una manera realista, establece tu situación económica y háblale a tus hijos de la importancia del trabajo, así como cuidar la salud y la integridad. No todo en esta vida se traduce en dinero o cosas materiales.

Enséñale a tus hijos que si hay manera de tener una personalidad firme y tener ideas propias sin necesidad de hacerse daño y sin quedar fuera. Todo lo contrario; esto genera respeto por parte de los demás, aunque no parezca ser así.