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“Nadie necesita más de unas vacaciones que aquella persona que acaba de tenerlas”, una frase del filósofo estadounidense Elbert Hubbard que describe exactamente cómo nos sentimos muchos durante enero de cada nuevo año.

estres postvacacional

Generalmente, las vacaciones nos ayudan a romper con la rutina y a lograr un estado de relajación; la ausencia de retos y obligaciones reduce el estrés y por otro lado, la socialización con la familia y amistades durante la época decembrina contribuye a que disfrutemos mucho esas fechas.

Es un hecho que las vacaciones traen consigo un efecto reparador que provoca una sensación muy placentera que nadie quiere perder.

Esperar con ansias las vacaciones para descansar y liberarnos del estrés diario provoca que cuando termina este período de escape de la “realidad”, el golpe emocional sea grande y a nivel físico está comprobado que algunas personas experimentan cansancio generalizado, falta de sueño y dolores musculares.

Enero también es una época difícil en términos económicos, pues la mayoría regresa a pagar las cuentas de diciembre y no hay suficiente dinero como para darse placeres que nos permitan subir la moral. Encima de todo esto, llegan los aumentos a los precios, la vuelta a clases de los niños y la rutina de la vida cotidiana.

Esta sensación de desánimo, aunque aún no está catalogada como trastorno, es conocida como síndrome postvacacional y es muy parecida, aunque más exacerbada, a las crisis que sufren muchas personas cuando termina el fin de semana y deben ir a trabajar o a la escuela el lunes.

A pesar de que es real que existe una depresión mayor durante las fechas decembrinas, se ha visto que enero es el momento más crítico del año y algunas personas lo describen como las tristezas de Año Nuevo, o “la cuesta emocional de enero”.

Estas sensaciones son descritas como un estado de baja energía y de duelo, aunque no llegue a convertirse en depresión, pues implica tener que soltar algo que nos produce mucho placer y relajamiento, para tener que enfocar nuestra atención en las obligaciones y responsabilidades diarias que no son tan gratas.

Además de todo lo anterior, enero es un mes en el que muchas y muchos quieren empezar de cero en varias áreas de sus vidas como la salud, la economía y el amor.

No cabe duda que el inicio de cada año trae consigo la posibilidad de replantearnos nuestras vidas, qué queremos y hacia dónde vamos, lo que implica cerrar ciclos.

Para ello son bastante útiles los propósitos de Año Nuevo, pues definitivamente, a una persona que cuenta con metas a lograr le será más fácil enfrentar esta cuesta emocional que a aquella que carece de objetivos.

Para lograr el cambio de ritmo de las vacaciones al de la rutina diaria, es recomendable realizarlo por aproximaciones sucesivas que nos permitan adaptarnos poco a poco a este cambio emocional y, una vez planteados nuestros objetivos, los platiquemos con otras personas para que este compartir se convierta en sinónimo de concreción de propósitos.

Fuente: www.saludmentalygenero.com.mx