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Aunque para la gran mayoría estos días son sinónimo de felicidad, en especial para los niños que se emocionan con los regalos, para otros la falta de un ser querido o de empleo, son motivos de amargura o apatía en estas fechas. 

grinch

Incluso, hay a quienes sin motivo aparente, les surge una rabia irracional contra las personas que compran miles de adornos y regalos en esta temporada, porque los ven como un truco para aumentar las ventas, y aunque hay algo de cierto en esto, se puede ver el lado positivo de estas fechas sin caer en el “Síndrome del Grinch”.

El Grinch surge del libro de Theodor Seuss Geisel llamado “Cómo el Grinch robó la Navidad”, en el que critica como una parte importante de la sociedad suele olvidar el verdadero sentido de la Navidad, enfocándose solamente en sus aspectos más superficiales como el consumo y la fiesta.

Con el tiempo, el término fue tomando otro significado, convirtiéndose en un calificativo para definir a todo aquel que no le gusta la Navidad o hace lo posible para que los que están a su alrededor no la disfruten. En síntesis, “grinch” pasó a ser un término que designa a una persona amargada, que deberá taparse los oídos para evitar escuchar los clásicos villancicos y no salir de casa durante la temporada ya que no quiere compartir con otros la felicidad de estas fechas.

Pero, ¿qué los motiva a querer sabotear una fecha que debería ser de paz, amor, felicidad y demás sentimientos positivos? Especialistas indican que hay varios factores que desencadenan esta especie de odio por la Navidad. Una de las principales es la pérdida de un ser querido, pues al acercase esta fecha, nos trae recuerdos de lo que ha pasado en el año y el enfrentar la ausencia de personas importantes nos llena de tristeza y vacío.

Por otro lado, el constante bombardeo de los medios de comunicación llega a un punto de hartazgo, además de contrastar esas imágenes de felicidad con la realidad que vive la gente a diario.

Un probable camino para redimir al grinch que todos llevamos dentro es seguir algunos pasos para que, en vez de sufrir la temporada, aprendamos a sobrevivirla con éxito y tal vez, con un poco de suerte, hasta terminemos cambiando ciertas actitudes hacia la Navidad.

Antes que nada, debemos tener un poco de voluntad y deseo de querer cambiar esta visión negativa. Posteriormente, debemos identificar el factor que nos desencadena esa molestia. Igual estamos pasando por un mal momento o tenemos muchas presiones laborales que no nos hacen disfrutarla.

Reflexionar al respecto de los motivos también es importante, pues muchas veces el egoísmo no nos permite ser felices y nos amarga la existencia, lo que impide que nuestra convivencia con los demás sea una especie de lastre y esto podría provocar que nosotros mismos nos aislemos.

Si la razón por la que rechazamos estas fechas y nos representan un tormento es económica, o hay ciertos recuerdos que no son agradables, lo que podemos hacer es intentar ver la vida de otra manera. En vez de pensar en los momentos malos, hay que recordar las vivencias positivas y así nuestro estado de ánimo será mucho más amigable.

Ya si de plano, nos resistimos a dejar nuestra actitud “grinchera”, pues podemos optar por evitar entrar en polémicas discusiones que no nos llevarán a buen puerto. Sin duda, debemos de tener buenas razones para ser un grinch, pero durante la Navidad hay que permitir que los demás disfruten. Dejar la crítica para otro momento es una buena opción. En nuestro sitio de trabajo, procuremos ser discretos y tolerantes en el mejor sentido de la palabra, así que cuestionar sobre por qué se adorna la oficina no es precisamente algo que todo mundo esté esperando en esta época, así que mejor ahorrarse el comentario.

Finalmente, estos días son para recordar y rescatar el sentido real de la Navidad; es pensar que no se requieren bienes materiales, sino el deseo honesto y sincero de compartir con la familia o amigos. De igual forma, acercarse a un sentido más espiritual de la época puede paliar ese síndrome que parece que muchos viven en la temporada, a veces sin que nos percatemos.