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El Eurotúnel, el túnel submarino que atraviesa el Canal de la Mancha uniendo Francia y Gran Bretaña, es una de las principales obras de ingeniería de las últimas décadas y una impresionante pasarela a través de la cual se puede llegar a las Islas Británicas en apenas 25 minutos.

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El Canal de la Mancha ha sido un símbolo de la separación entre el continente europeo. 34 kilómetros de agua separan las costas francesas y británicas, lo que en mucho tiempo supuso un problema para el comercio europeo, y también en ese mismo lapso mucha gente idealizó la posibilidad de conectar a la Gran Bretaña con tierra firme, sin que ningún proyecto llegara a concretarse.

Las dificultades técnicas que implicaba esto hicieron que no fuera posible iniciar el proyecto sino hasta la década de los ochenta. Tras varios meses de preparativos y comprobaciones, el entonces presidente francés, François Mitterrand, y su homóloga británica, Margaret Thatcher, firmaron en 1987 un acuerdo para construir el Túnel del Canal de la Mancha, con un presupuesto inicial de cuatro mil 500 millones de euros a través de empresas privadas.

Unas semanas después comenzaron los trabajos formales para la construcción del túnel, cuando cuatro mil obreros de cada lado del canal comenzaron a excavar. La idea era hacer avanzar ambos túneles por separado y hacerlos coincidir en el punto central.

La excavación de los túneles de cada país tenía que ser precisa, no distanciándose más de 2.5 metros en el momento de encontrarse a mitad del recorrido. Pero en una construcción de esta magnitud, se podían presentar algunos inconvenientes como la filtración de agua. A pesar de los estudios geológicos previos, las capas que se situaban bajo el lecho marino tenían poros por los que se filtraba el agua marina del lado británico, lo que supuso un grave retraso para la construcción.

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Finalmente, llegó el día en que ambos túneles coicidieron el 1 de diciembre de 1991, presentando una desviación entre ambos de 35 centímetros, una distancia mucho menor de la esperada, lo que se consideró todo un éxito; sin embargo, la demora en el acondicionamiento interior supuso que la inauguración no se produjera hasta 1994, un año después de lo previsto, cuando la reina Isabel II y el presidente François Mitterrand cortaron la cinta.

Al principio no tuvo gran aceptación; británicos y franceses preferían utilizar el avión o el ferry; sin embargo, los 25 minutos que se tardan en cruzar el Eurotúnel, la mitad que en barco, supuso un incremento en la afluencia de usuarios, de tal manera que en los diez primeros años de vida lo habían utilizado ya 150 millones de personas, mejorando incluso las previsiones iniciales.