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Ni su verdadero nombre fue Freddie Mercury, ni llegó al mundo en el Reino Unido, el país que le vio triunfar. Se llamaba Farrokh Bulsara y nació en la isla de Zanzíbar, en Tanzania, situada en la costa este de África y famosa por su producción de especias, pero eso no impidió que fuera figura provocadora, versátil y carismática como pocas.

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Farrokh era un niño extraordinariamente tímido y sus padres decidieron enviarlo a la India para que recibiera una buena educación. Muy interesado por los deportes, el joven Bulsara mostró capacidad como boxeador y comenzó a despertar su afición por la música.

Convencido de sus tempranas habilidades musicales, fue el propio director del St. Peter’s quien recomendó a los padres del joven que iniciara los estudios de piano y muy pronto puso en pie su primer grupo musical.

En aquella época, sus amigos del colegio comenzaron a llamarle Freddie, traducción más o menos fiel de Farrokh al inglés, y, de hecho, el propio joven firmaba en ocasiones como Frederick. Pero pronto regresó a Zanzíbar y un par de años después, emigró al Reino Unido.

Ingresó en la Ealing Art School, donde estudiaba para convertirse en diseñador gráfico, aunque su interés por la música no había desaparecido, y gracias a su amistad con Tim Staffell, integrante del grupo “Smile”, en el que tocaban Brian May y Roger Taylor, Freddie se convirtió en seguidor y fan.

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Iniciaba la década de los setenta y después de intentos fallidos en la música, Staffell abandonó “Smile”, por lo que Roger y Brian le pidieron a Freddie que fuera el vocalista del grupo, al que insistió en cambiarle el nombre y lo bautizaron como Queen. Al mismo tiempo, cambió su apellido artístico y se convirtió desde ese momento en Freddie Mercury. Tras las innovaciones, el trío probó con varios bajistas hasta que en 1971 se incorporó a la formación un personaje tranquilo y sosegado, John Deacon. El resto pertenece a la historia de Queen.

Mercury fue uno de los más grandes vocalistas de la historia del rock. Un revolucionario musical, que jugó con los registros tenor y barítono, exaltándolos con gañidos rockeros, una combinación que encandiló a miles de personas de todo el orbe.

Al saborear las mieles del éxito con Queen, su vida estuvo rodeada de excesos derivados de la fama y el éxito. Sus fiestas fueron siempre sonadas, pero también se reconoció al músico por ser un gran amigo de sus amigos.

Hacia finales de los setenta comenzaron a surgir rumores sobre su cambio de orientación sexual. Los comentarios se extendieron apoyados por el cambio radical de imagen: cortó al mínimo su larga cabellera y se dejó crecer un gran bigote, imitando la estética gay muy de moda en los bares de San Francisco y que fielmente habían reflejado los famosos Village People.

En esa época, era poca la información sobre una nueva y extraña enfermedad que “atacaba a hombres homosexuales”. Freddie sabía que era seropositivo desde 1987. Al parecer, había quedado impactado por la muerte de dos de sus antiguos amantes a causa del SIDA y consciente de los riesgos de su variada y ajetreada vida sexual, decidió hacerse los primeros análisis. Sus temores se hicieron realidad.

La terrible noticia le cambió su estilo de vivir. Se encerró en su casa de Londres y la convirtió en una clínica, en la que continuaba componiendo. Sus últimas canciones, de hecho, reflejan un estado de ánimo depresivo. Intuye que no le queda mucho tiempo de vida y, de alguna manera, esto se refleja en sus letras.

Freddie comenzó a mostrar deterioro en su estado físico, lo que volvió a dar motivos a los rumores. La publicación de varias fotografías y sus escasas apariciones públicas acrecentaron las sospechas. Ocultó su tragedia, incluso a sus propios compañeros de grupo, y tan sólo un día antes de su muerte anunció públicamente que desde 1986 padecía SIDA.

“He procurado mantener oculta esta situación para proteger mi vida privada y la de quienes me rodean, pero ha llegado el momento de que mis amigos y fans de todo el mundo conozcan la verdad, y espero que todos se unan a mí, a mis médicos y a todos cuantos luchan por combatir esta terrible enfermedad, para luchar contra ella”. Freddie Mercury realizaba esta declaración pública, reconociendo que tenía SIDA, aún sin anunciar la enfermedad.

En la madrugada del domingo 24 de noviembre de 1991, tras una noche muy convulsa en la que el cantante ya no se mantenía en pie, murió en su cama como consecuencia de una neumonía que no pudo superar.

Con tan sólo cuarenta y cinco años, el gran Freddie Mercury dijo adiós a la vida que tan intensamente había disfrutado. Su muerte supuso para el mundo de la música y para toda una generación un gran impacto. Mercury, fallecido en plena madurez artística y en el apogeo de su fama, se convirtió, sin pretenderlo, en símbolo y referente de los afectados por el VIH durante los años noventa.