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Una persona respetuosa y amable siempre es bien vista y a menudo apreciada por otros. La habilidad para relacionarse con la gente es una cualidad que puede ser muy valiosa en el ámbito laboral.

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Sin embargo, hay muchos que confunden esta cualidad con otra cosa y es el momento en el que hay que preguntarse cuál es el límite entre ser buena gente y dejar que otros se aprovechen de nosotros, así como identificar el momento en que una postura muy complaciente puede afectar el crecimiento profesional.

Querer agradar no es ningún crimen. Somos seres sociales y las relaciones interpersonales son muy importantes para nuestro bienestar en todos los ámbitos. Para todo trabajador sentirse apreciado, valorado y tomado en cuenta es muy importante, y a menudo buscamos nuestro lugar siendo cordiales y mostrando disposición, pero hay que analizar si no nos estamos pasando de complacientes.

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Por lo general, quien quiere agradar suele mostrar algunas conductas como:

– Es muy importante para ti la percepción que tienen tus colegas de ti. Eres amable con todos y cuando alguien tiene una mala actitud contigo de inmediato te preguntas: “¿Qué le hice?”, “¿Por qué se porta así conmigo?”.

– Te cuesta mucho decir “no”. Puedes tener saturada tu agenda, pero si te piden un favor o una entrega “urgente” seguramente trabajarás a marchas forzadas para cumplir.

– Estás en una reunión con tu jefe y se están tomando decisiones. Algunos planteamientos que hace tu superior no son los indicados, pero tú no expresas tu desacuerdo.

– Te resulta muy incómodo señalar errores o fallas en el desempeño de otros. Incluso te disculpas por decirlo y llegas a justificar el error. Ejemplo: “Laurita, me da mucha pena, pero la presentación tenía faltas de ortografía. Es el corrector de Word, nunca funciona”.

– Nunca pides lo que necesitas: un aumento, un nuevo equipo de cómputo, tus vacaciones. Esperas que te lo den como reconocimiento y mientras, otros obtienen lo que tú no te atreves a pedir.

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Si estos ejemplos te suenan familiares puede que hayas llevado tu amabilidad demasiado lejos y esté afectando tu vida profesional. Para evitar que otros pasen por encima de ti, no hay que aplicar una estrategia para convertirte en una persona déspota, fría y calculadora. Si de manera natural eres conciliador, amable y respetuoso, hay que conservar esos atributos, pero explotándolos a tu favor.

Recupera el respeto de tus colegas

Practica el autorespeto. Dale valor a lo que haces, no lo veas como la contribución menos importante. Cree en la calidad de tu trabajo y comunica tus logros. Aprovecha juntas, reuniones o un simple correo para compartir con otros las metas alcanzadas.

Aprende a decir que “NO”

La gente no está acostumbrada a tu negativa, y no lo estará hasta que no la practiques. La próxima vez que te llegue una solicitud “urgente” de alguien que no sea tu jefe y que te quite tiempo para tus tareas prioritarias responde: “Claro que puedo ayudarte, pero ¿sabes?. Tengo una entrega importante que me tiene ocupada. Te lo entregaría en dos semanas”. También puedes empezar con un “Déjame revisar mis pendientes y te aviso”.

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Contribuye sin sacrificarte

Puedes ayudar a otros y ser apreciado sin necesidad de ponerte a su disposición. En lugar de ofrecerte a hacer el trabajo de otros, comparte recursos útiles que les ayuden a realizar la tarea.

Pide algo a cambio

Dar y recibir es mucho más equilibrado que solo dar. La próxima vez que alguien te pida ayuda, aprovecha la ocasión y pídele algo que te pueda facilitar a ti una tarea. Ese es un excelente filtro; conocerás qué personas están dispuestas a ser recíprocas y quienes solo se aprovechan. Los abusivos no volverán a pedirte algo.

Habla de un aumento

Piensas que mereces un aumento, pero jamás lo has pedido. Agenda una reunión con tu jefe, prepara argumentos sólidos sobre tu desempeño y pídelo. ¿Qué puedes perder?