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Pocas personas han salvado más vidas que Louis Pasteur. Sin ser médico, entendió que los gérmenes eran los causantes de las enfermedades y revolucionó la medicina al desarrollar una vacuna que ha protegido a millones, encontrando nuevas formas para hacer que los alimentos que consumimos no nos hagan daño.

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Hijo de un sargento de las guerras napoleónicas, Louis Pasteur vio la primera luz el 27 de diciembre de 1822 en Dôle, localidad del Franco Condado donde transcurrió su infancia.

Empezó su carrera en química con un empleo en la Universidad de Estrasburgo y pronto hizo un descubrimiento revolucionario: demostró que moléculas idénticas podían existir como imágenes espejo. El descubrimiento fue un avance fundamental para la microbiología, que apuntaló el desarrollo moderno de las medicinas y hasta nuestra comprensión del ADN.

Sus conocimientos de química le ayudaron a resolver una de las más grandes cuestiones de la biología del siglo XIX. Desde los tiempos de Hipócrates, las enfermedades se habían atribuido a desequilibrios de los humores internos del cuerpo humano, pero Pasteur finalmente comprobó que esa teoría era errada y quedó establecida la teoría del origen microbiano de las enfermedades infecciosas, según la cual éstas son provocadas por agentes patógenos ambientales que penetran en el organismo sano.

Aunque en su momento fue controvertida esta teoría, posteriormente fue considerada fundamental para el desarrollo de la medicina moderna; y gracias a ella, Pasteur fue conocido entre la sociedad científica de la época.

En el intermedio, Pasteur se dedicó a investigar el proceso de fermentación y cuando Napoleón III supo de ello, lo consultó por un problema complejo que atravesaba la industria vinícola francesa, que ocasionaba pérdidas de gran importancia.

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Aunque su convicción de que la levadura desempeñaba algún tipo de papel en este proceso no era original, logró demostrar que la producción de alcohol en la fermentación se debe, en efecto, a las levaduras, y que la producción de sustancias que agrían el vino se debía a la presencia de organismos como las bacterias. De esta manera,contribuyó a resolver el problema demostrando que era posible eliminar las bacterias calentando las soluciones azucaradas iniciales hasta una temperatura elevada.

Ese proceso, que después se conoció como la pasteurización, salvó a la industria vinícola y consolidó la fama de Pasteur y hoy en día, es usado extensamente para evitar que la comida se contamine.

Posteriormente, Louis Pasteur orientó su actividad hacia el estudio de las enfermedades contagiosas, logrando no sólo confirmar su teoría, sino también desarrollar la vacunación como método preventivo. Conocida desde tiempos antiguos, el mecanismo de la vacunación es simple: estimular el sistema inmunológico exponiéndolo al microorganismo responsable de una determinada enfermedad, a fin de que en el futuro pueda responder de inmediato ante una eventual infección.

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En 1881 inició sus estudios acerca del carbunco, una enfermedad que causaba estragos en el ganado. Pasteur descubrió el bacilo responsable de la enfermedad y llevó a la práctica la idea de inducir una forma leve de la misma en los animales, inoculándoles bacilos debilitados para inmunizarlos contra ataques de variedades más agresivas. Preparó la vacuna y resultó un éxito.

La continuación de sus investigaciones le permitió desarrollar la vacuna para prevenir la rabia, una enfermedad contagiosa y contra la que no existía paliativo alguno, resultando casi siempre mortal. Después de largos estudios y experimentos, encontró un método seguro para atenuar el virus y la efectividad de esta vacuna, su última gran aportación en el campo de la ciencia, se probó con éxito el 6 de julio de 1885 en un niño de nueve años que había recibido catorce mordeduras de un perro rabioso.

A partir de ese momento, el apoyo popular hizo posible la construcción del Instituto Pasteur, fundado en 1888, que gozaría a partir de entonces de un justificado prestigio internacional. Con la salud muy debilitada, en 1892 recibió en la Sorbona un solemne homenaje y el 28 de septiembre de 1895 el insigne científico falleció en Marnes-la-Coquette.