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En un ámbito laboral competido, la edad se ha convertido en un factor de discriminación laboral. Miles de personas preparadas enfrentan esta situación.

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Es verdad que hoy en día, son cada vez más las exigencias que un puesto de trabajo requiere: mayores competencias, habilidades, conocimientos y una suficiente experiencia. Pero, ¿cómo es que se puede exigir una buena experiencia y por otro lado frenar el crecimiento al poner un límite de edad para conseguir un trabajo?

Las personas mayores de 40 años son uno de los colectivos que tienen más dificultades a la hora de encontrar trabajo. Lamentablemente esta situación ha crecido durante los últimos tiempos, sin importar el género. Tal parece que el mundo conspira en contra de aquellas personas que ya pasan de los 40.

Según la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, al año se presentan más de 50 mil inconformidades laborales, entre ellas el desempleo entre trabajadores con un rango de entre 41 y 59 años de edad, y cada vez van en aumento.

Lo anterior confirma que México se encuentra viviendo un estancamiento laboral provocado por los estereotipos formados alrededor del concepto “edad”. La pérdida de empleo resulta a cualquier rango de la misma, una etapa difícil de superar, pero si a eso sumamos que a los 40 o más ya existen responsabilidades en forma como es el tener una familia, la frustración se eleva.

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Con esta revolución, vinieron reclutadores e integrantes de recursos humanos con instrucciones directivas muy específicas que tienen que ver con la contratación del más apto y más flexible. Es este último punto donde alguien mayor a 30 o 40 años es más difícil de flexibilizar a las políticas empresariales, en contraste con una persona menor a 30 años que probablemente no cuente con una vasta experiencia sobre cómo realizar un proceso a su modo.

A esto se le añade una idea de que los individuos de cierta edad, no se abren a las nuevas tendencias tecnológicas, son más cerrados a la aceptación de nuevas ideas o métodos de trabajo, o incluso que debido a su amplia experiencia, tendrían que ofrecerles puestos altos, los cuales por supuesto son escasos y reservados para aquellos brillantes de menos de 40 o al gran amigo de la infancia.

No vamos a mentir que por lo mencionado anteriormente, resulta mucho más complicado encontrar trabajo conforme van pasando los años, pero lejos de eso, no es imposible. Lo primero que debes hacer es no desanimarte ni perder la esperanza. Sé positivo y ten paciencia. Con el tiempo todo se soluciona.

Puede que hayas experimentado el sentimiento de desesperación e incluso depresión al no poder obtener ese puesto que tanto has buscado durante los últimos meses o hasta años.  Olvida lo pasado, enfócate en el futuro. Siéntate y reflexiona, si es que ya pasaste por varias entrevistas, ¿Qué es lo que has notado que tienen todas en común? ¿Consideras que has cometido errores en ellas?

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Después de encontrarnos una larga temporada en un trabajo estable, perdemos la mecánica sobre la búsqueda de empleo y muchas veces sobre los procesos actuales con los que se mueve el mundo en áreas ajenas a la nuestra, o incluso dentro de ella. De ahí la importancia de actualizarse.

Recuerda que tener experiencia no es sinónimo de ser competente para el trabajo, a menos que logres comunicar con efectividad qué te hace un candidato de calidad. Además, una larga trayectoria laboral no es un pasaporte automático al empleo. Las nuevas tecnologías han irrumpido en todos los campos laborales, y las empresas necesitan personas capaces de adaptarse, abiertas a nuevos aprendizajes y que estén al tanto de nuevas herramientas y procedimientos.

Si descubres que te has rezagado en tu capacitación profesional, entonces has encontrado un factor que te ha cerrado puertas y es indispensable trabajar en ello. A través de bolsas de trabajo en línea puedes obtener información sobre los conocimientos más apreciados por las empresas en tu campo y entonces invertir en tu formación.

La falta de empleo para personas con más de 40 años es una conversación constante donde se cuelan sentimientos como enojo, frustración, angustia y desesperación. Todos estos sentimientos se proyectan cuando buscamos empleo, y al proyectarlos perdemos oportunidades. Pero una vez que comprendemos a qué nos enfrentamos, seremos mucho más capaces de centrar nuestras energías en lograr lo que queremos, dejando a un lado el factor edad.