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En la actualidad, usamos la frase “chivo expiatorio” para nombrar a un individuo que carga con las culpas de algo que ha sucedido cuando en realidad la responsabilidad debería recaer sobre un grupo más amplio de personas o colectivo, pudiendo incluso suceder que dicho individuo ni siquiera haya participado en el acto y sea inocente.

chivo expiatorio 2

Este dicho proviene de una práctica ritual de los antiguos judíos para la celebración del Día de la Expiación, es decir, la purificación de las culpas por medio de un sacrificio.

Para ello elegían dos chivos; a uno de ellos, lo sacrificaban con todos los honores en nombre del pueblo de Israel y al otro, le ponía las manos sobre la cabeza, al que se le imputaban todos los pecados y abominaciones del pueblo hebreo.

Luego de esta ceremonia, el macho sobreviviente era devuelto al campo y abandonado a su suerte, donde la gente lo perseguía entre gritos, insultos y pedradas.

Por extensión, la expresión “chivo expiatorio” adquirió entre nosotros el valor de hacer caer una culpa colectiva sobre alguien en particular, aun cuando no siempre éste haya sido el responsable de tal falta.