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A todos nos puede suceder, más de lo que imaginamos. En algún momento nuestros padres nos han dado el sermón de sus vidas por estar con ese chico o chica que no aprueban, pero que a nosotros nos quita el sueño. Y semejante situación, que enfada y saca lo peor de ambas partes, puede generar conflictos épicos al más puro estilo de novela mexicana.

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Ok, ya gritamos, lloramos, nos peleamos con nuestros padres y con nuestra pareja también, y al final todo sigue igual o peor. Sí realmente queremos convencer a nuestros papás que tienen motivos de sobra para confiar en nosotros y dejar a nuestro juicio nuestras decisiones con respecto a nuestra vida amorosa, tenemos que contraatacar con madurez.

Antes de que nos dejemos llevar por la cólera o la frustración, debemos actuar calmadamente y preguntar los motivos de ese rechazo; hazles saber que realmente te importa su opinión. Si sus motivos son por el miedo a que te suceda algo, se puede conversar serenamente con ellos y tranquilizarlos. Ahora bien, si son celos, no hay más vuelta que darle; hay que llegar a una negociación y dar tiempo a que se conozcan y se vayan haciendo a la idea.

Si por el contrario, después de haber puesto la cara más madura que se nos pudo ocurrir, ellos siguen “cerrados” sin darnos ninguna razón consistente, se puede pedir ayuda. Hermanos, tío favorito, la tía que siempre llega a casa, el abuelo a quien nadie puede decirle que no, todas las personas en las que sepamos de antemano que podemos confiar.

Finalmente, si aún así, nuestros padres insisten en que esa persona no nos conviene y la gente a la que recurrimos también coincide en que no es para nosotros, es probable que el problema entonces sea esa persona, por lo que se tendría que ser objetivo y analizar qué puede ir marchando mal.