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Estamos terminando el segundo mes de este 2017 y a muchos nos alegra que sólo tenga 28 días, porque así el pago de la quincena llega antes. Pero, ¿sabes por qué febrero dura menos que los demás meses del año? Aquí te lo contamos.

febrero 28

Antes de la reforma del calendario llevada a cabo por Julio César, el año romano comenzaba en el mes de marzo y tenía 10 meses de 36 días, más 5 días al final del mismo, dedicados a las fiestas de las saturnales.

A partir de la reforma juliana, el año pasó a tener 12 meses -de 30 ó 31 días- incorporando a finales del mismo dos meses, que se llamaron enero y febrero. Los meses de 31 días eran los impares: marzo, mayo, quinto, séptimo, noveno y enero. Y los de 30 eran los pares: abril, junio, sexto, octavo y décimo. A febrero le correspondieron 29 (30 los años bisiestos) para obtener los 365 días.

A Cayo Julio César se le brindó el honor de designar un mes con su nombre, y el escogido fue el quinto mes, que a partir de la reforma juliana se llamó “julio”. Su hijo adoptivo, Cayo Julio César Octaviano, que fue designado emperador -con el título de “augustus”- asumió el poder absoluto dando origen al Imperio Romano. En su honor se llamó “agosto” al mes sexto, pero, dado que el mes sólo tenía 30 días y no podía ser que el “Imperator Augustus” tuviera un mes con un día menos que su padre, resolvieron agregarle un día más que tomaron del último mes, pasando febrero de tener 29 días a tener 28.

Como así habían tres meses seguidos con 31 días, se alteró la duración de los siguientes, pasando septiembre a tener 30, octubre 31, noviembre 30 y diciembre 31.

Ahora bien, el origen de agregar un día más a febrero, el 29, cada año bisiesto, se debe a que la duración del año astronómico -es decir una vuelta completa de la Tierra en su órbita- no es de 365 días exactos como el año calendario, sino de 365 días, 5 horas y 56 minutos. En términos redondeados 365 días y un cuarto.

Por lo anterior y para no desfasar nuestro calendario con la astronomía, esa cuarta parte de un día se va acumulando, de forma que cada cuatro años se añade un día más al año, el 29 de febrero, llamándose año bisiesto.

Julio César estableció el calendario de 365 días con años bisiestos y Gregorio XIII lo reformó tal y como es hoy.