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Una dieta alimenticia equilibrada contiene cantidades suficientes de calorías y nutrientes esenciales para el crecimiento y desarrollo óptimo del organismo en cada etapa de la vida, así como para prevenir deficiencias o excesos nutricionales.

mujer comiendo pasta

No en balde, las abuelitas antes decían que era importante comer de todo, pero al paso del tiempo, las porciones han sufrido una ligera modificación, lo cual puede ser factor para el riesgo de enfermedades, principalmente en aquellas que nos dan energía.

Según expertos en nutrición, el equilibrio energético es como una cuenta bancaria; por un lado, se debe conocer los ingresos de energía, de calorías, que tenemos a partir de los alimentos que contengan proteínas, hidratos de carbono y grasas; y por otro, conocer cómo gastamos esa energía que ingresamos, es decir, el balance energético no es otra cosa que equilibrar la ingesta frente al gasto.

La energía que consumimos y no gastamos se va acumulando en nuestro cuerpo en forma de grasa, como una reserva que estará disponible para ser utilizada. Si no se utiliza, se acumula generando problemas de sobrepeso y obesidad.

De hecho, no solo la genética influye en la obesidad sino que existen otros factores ambientales y sociales que afectan a dicho balance. Entre los factores ambientales más importantes destaca la dieta y el ejercicio, pero las horas de sueño, el estrés, la temperatura ambiental, etc., también pueden contribuir a este equilibrio.

Dar dos mil pasos más al día o ingerir 100 calorías menos son cambios en el día a día que recomiendan los expertos para mejorar la salud y prevenir la obesidad. La educación y la concientización son esenciales en la prevención de este problema, que ya es considerado uno de los más ignorados y crecientes en los próximos años.

mujer porcion1

Alcanzar el equilibrio energético implica necesariamente adoptar estilos de vida saludables, esto es un cambio de hábitos en lo individual y familiar, teniendo presente que muchas de las condiciones del ambiente no se van a modificar en el corto plazo. Todavía más, estas condiciones, no siempre favorables, deben llevar a reconsiderar los hábitos alimenticios y al ejercicio en la escala de prioridades como el mejor y más accesible camino para alcanzar un estado de bienestar integral.

Los hábitos alimenticios y el ejercicio son los factores que más influyen en la salud de la mayoría de las personas y afortunadamente son los más susceptibles de ser modificados.