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La piel es el mayor órgano del cuerpo del ser humano y desarrolla diversas funciones que nos permiten llevar a cabo nuestras actividades cotidianas, pero pese a su relevancia, muchas personas no le brindan los cuidados ni la atención necesaria para que esté saludable.

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La piel protege de los cambios de clima como el calor y el frío, también tiene funciones de tipo social, ya que es a través de ésta que tenemos contacto directo con otras personas; además, tiene funciones de tipo hormonal, pues produce hormonas y sustancias que son esenciales para evitar infecciones y defiende de eventos agresores externos.

Por ello, la piel debe someterse a cuidados muy especiales tanto en frío como en calor que dependerán de la persona y de la edad, puesto que con el paso del tiempo disminuye su elasticidad normal, así como la función y el número de las glándulas que producen la grasa normal lubricante.

Con el tiempo se pierde la unión entre una célula y otra, por lo tanto el adulto mayor es más susceptible a sufrir ampollas ante una fricción.

Asimismo, la exposición solar prolongada es uno de los factores que acrecientan estos cambios, sobre todo en las personas que no utilizaron protección a lo largo de su vida. Así pues, aumenta la susceptibilidad a manchas, resequedad, adelgazamiento cutáneo y el desarrollo de cáncer.

Es muy común que con el paso del tiempo se reseque la piel y sobre todo en mujeres, cuando entran en la etapa de climaterio, es decir, déficit de hormonas femeninas, como son los estrógenos.

Lo fundamental es mantener la piel siempre limpia. No se debe utilizar agua caliente y estropajos o fibras que “barren” con la grasa lubricante normal de la superficie cutánea. Basta con una esponja acompañada de jabones suaves y aceitosos, y agua tibia para que no haya un barrido de la grasa natural.

Los ancianos deben darse un baño rápido, puesto que no sudan igual que una persona joven, porque sus glándulas sudorales disminuyen en 30 por ciento y no tienen gran actividad física.

Se deben utilizar cremas hidratantes, de preferencia sin color y sin olor, sobre todo en las áreas que sufren mayor resequedad, como la cara anterior de las piernas, los brazos y el tronco. En el caso de las mujeres, deben aplicarla también en sus mamas, puesto que se resecan con facilidad, especialmente con el frío.

Una piel seca puede generar comezón y rascado, el cual favorece la irritación e inflamación de la misma. Cuando hay escoriaciones, es fácil la entrada de microorganismos que causan una infección de los tejidos blandos.

Algunas personas sufren de piel atópica (piel susceptible, seca, y con tendencia a presentar alergias), por lo que requiere la aplicación constante de lubricantes y evitar la ropa que tenga fibras sintéticas o lana, ya que lo mejor es utilizar ropa de algodón.

Con la cara hay que tener especial cuidado, sobre todo en las personas con tendencia a presentar problemas de acné, ya que el uso de las cremas puede favorecer que se creen dichas lesiones, porque pueden obstruirse los conductos pilosebáceos.

Para estos casos, se recomienda utilizar geles humectantes o hidratantes libres de grasa, denominados productos no comedogénicos.

Por último, es muy importante el uso de protectores solares, a pesar de que la persona no vaya exponerse al Sol en lugares como la playa. El bloqueador solar debe ser adecuado para cada tipo de piel y con una debida consistencia. El factor de protección debe ser por arriba de 30.