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El aumento en la actividad física suele acompañarse de un mayor apetito, pero es importante no excederse en calorías.

comer-después-del-entrenamiento

Al hacer un entrenamiento se queman muchas calorías, por lo que es natural que después se experimente un aumento en el apetito. El cuerpo está pidiendo comer con el fin de restituir sus reservas de combustible, pero si no tenemos cuidado, podemos terminar comiendo más calorías de las que quemamos en el gimnasio.

Después del entrenamiento, primero hay que hidratarse. Se debe beber un vaso de agua antes de tomar alimentos, los síntomas de la deshidratación son similares a los del hambre, tales como cansancio, debilidad y temblores. A menudo pensamos que tenemos hambre, cuando en realidad estamos sedientos. Además, beber agua después de hacer ejercicio repone los líquidos perdidos a través del sudor. Si el ejercicio excedió una hora o fue muy intenso, lo más seguro es que se hayan perdido muchos líquidos, por lo que es recomendable tomar bebidas con electrolitos.

Ahora bien, una cena ligera para abastecer de combustible al cuerpo es bastante recomendable. Lo mejor es que ésta no exceda de 200 calorías. Es ideal una combinación de proteínas y carbohidratos complejos. Las proteínas son esenciales para la reparación y construcción de músculos y los carbohidratos complejos ayudarán a reponer las reservas de energía. Por ejemplo, una manzana con queso, una rebanada de pan integral tostado con mantequilla de cacahuate, o una taza de yogur sin grasa son algunas cenas que pueden ayudar a recuperarse sin el riesgo de aumentar calorías.

A medida que el cuerpo se acostumbra a hacer ejercicio, se va a experimentar una disminución en el apetito. De hecho, las investigaciones muestran que el ejercicio reduce el apetito por varias horas, por lo tanto, se deben mantener los entrenamientos y decir adiós a los excesos de comida posteriores al ejercicio.