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Si la palabra “amigo” ya tenía distintas definiciones, ese abanico de acepciones se abrió aun más a partir de la existencia de las redes sociales.

solicitud de amistad facebook

Según la Real Academia Española, la amistad es “afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”, y seguramente cada quien tendrá su propia definición de lo que es ser amigo, pero desde la aparición de las redes sociales, la palabra amistad tomó dimensiones inimaginables; se diversificó y se transformó en la más usada de Internet. De ser utilizada para definir a las personas más cercanas e íntimas de una persona, se transformó en un concepto sumamente amplio que logró potenciar a las redes sociales.

Ahora tenemos que interpretar el tono con el que nos dicen las cosas porque los mensajes de texto carecen de las inflexiones de la voz, y tenemos que aprender el lenguaje de los emoticonos para entender los mensajes que nos envían, y de paso, ignorar las faltas de ortografía y redacción, echándole la culpa casi siempre al autocorrector.

El mundo cibernético es muy impersonal, pues nos permite decir las cosas sin dar la cara y, si bien hay situaciones en las que esto resulta indicado, hay muchas otras que se deben tratar frente a frente, viendo a nuestro amigo a los ojos, leyendo su lenguaje corporal y con la posibilidad de poder poner la mano sobre su hombro.

Para un adolescente, el grupo social que más tiempo pasa en estos sitios, la percepción de amistad es distinta a la de alguien de 60. Un chico o chica puede tener “amigos” que ni siquiera ha visto en persona y que quizás nunca verá; en cambio para una persona de 60 que no esté ligada a este tipo de interacción, sus amigos serán aquellos que ve constantemente y con quienes ha compartido.

Hoy en día, uno puede tener tres mil seguidores en Twitter, y mil 500 amigos en Facebook que ven fotos y lo que publicamos, pero sólo 100 que nos conocen realmente tal y como somos. Esto quiere decir que el reto está en evitar confundir la amistad virtual de la amistad real.

Internet, la interconectividad, la globalización, las redes sociales, todo eso ha venido a modificar la forma tradicional de encarar la amistad. Nuevos valores suplantan viejos valores. El smartphone sustituye al abrazo y el unfollow a la “ley del hielo”. El Whatsapp va sustituyendo, por mucho, a la comunicación hablada. Ya pocos lloran en el hombro del amigo; más y más mortales lanzan sus lágrimas hoy sobre la pantalla de su computadora portátil o su tablet, a los cuatro vientos en una conferencia vía Skype, o en un video de aficionado colgado en Youtube. No hay piel de por medio, ni siquiera un gesto de consuelo con la palma de la mano sobre el hombro.

En estos tiempos se ha evolucionado de la amistad de los afectos a la amistad de los intereses. Interés en los temas profesionales, interés en los temas laborales, en los datos financieros, en las desgracias del vecino, en trivialidades y hasta en los chismes de farándula. Es la era del ser humano como herramienta, no del ser humano como fin.

Voltear la cara a las redes sociales no es precisamente una solución para evitar que nuestras amistades pierdan el toque personal. Más bien, hay que valorarlas en su justa dimensión; como una realidad del mundo actual que podemos usar a nuestro favor, aprendiendo a dominarlas y sin dejar que nos dominen. Debemos valorar la importancia de la amistad y no permitir que se diluya en un mar cibernético de “posts” y mensajes.