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Por muy positivos, experimentados, sabios y tenaces que seamos, hay que reconocer que todos pasamos por momentos en que sentimos que no nos está yendo tan bien como deseamos.

mujer deprimida

Quizá, estemos pasando por una difícil situación económica, o un momento duro sentimentalmente hablando. O es posible que nos lleguemos a sentir frustrados porque llevamos semanas a dieta y la báscula insiste en no mostrarnos el peso que esperamos.

Sea cual sea la razón por la cual nos sentimos mal con nosotros mismos, en cualquier momento, el origen de ese sentimiento generalmente se basa en la esperanza de algo que no sucedió y que nos ha llevado a la decepción.

Cuando basamos nuestra felicidad en esperar que sean otros los que nos la proporcionen, o cuando nos fijamos metas absurdas y difíciles de alcanzar con la esperanza de que suceda un milagro, lo que invariablemente sucede es que terminamos sintiéndonos mal.

Seguido pasa que uno inicia un proyecto con mucha ilusión, pasión y se entrega al 100 por ciento esperando que siempre sea un éxito, pero, en ocasiones, no es así. Hay proyectos exitosos y otros que no lo son.

Es normal sentir algo de tristeza cuando las cosas no salen como uno lo espera, ya que la tristeza es la emoción con la que decimos “adiós” a las situaciones y personas que ya no forman parte de nuestra vida; y cuando un proyecto o una relación no funcionan es muy absurdo quedarse atada a ellos para así poder iniciar nuevos planes en nuestra vida.

Para no quedar anclados y estancados, lo mejor es analizar el origen de nuestras expectativas, lo que nos llevó a la desilusión y luego, tomar lo bueno de la experiencia.

Aquí, muchas veces sucede que si estamos esperando que sea otra persona la que reaccione como quisiéramos que lo haga y eso es lo que nos ha desilusionado, entonces hay que recuperar ese poder que le hemos dado para regir nuestros sentimientos y hacernos dueños nuevamente de nuestra propia felicidad.

Ahora bien, si lo que sucede es que nos hemos puesto metas casi inalcanzables, entonces seamos un poco más flexibles con nosotros mismos, reajustemos nuestros objetivos y sintámonos orgullosos por lo que logremos, sea o no la meta que nos planteamos en un principio.

La vida nos da la oportunidad de experimentarnos como seres felices o desdichados, y la elección de una u otra experiencia es totalmente nuestra.