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“Yo aguanto mucho”, “A mí no me pasa nada”, “Qué ¿le sacas o tienes miedo?”, “Si no te lo tomas, no te aceptamos en el grupo”. Estas son frases clásicas que uno cuando es adolescente escucha en las fiestas que asiste, donde los amigos ejercen presión para que alguien tome alcohol y en donde se puede caer fácilmente en este tipo de “chantaje” por el querer ser aceptado y pertenecer a un grupo.

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El consumo de bebidas alcohólicas por adolescentes ha aumentado considerablemente y esto se refleja en las estadísticas, que nos revelan que los accidentes son las primera causa de muerte en jóvenes entre los 10 y los 19 años de edad, siendo las que se producen en la vía pública, al manejar o transitar bajo los efectos del alcohol las más recurrentes; pero también otro tipo de accidentes mortales como las intoxicaciones por alcohol, los ahogamientos, el suicidio, la muerte por violencia o por quemaduras, entre otros.

Educar a los hijos sobre el alcohol es algo muy importante: probablemente, durante la adolescencia, nuestros hijos comiencen a ir a fiestas en las que las bebidas alcohólicas están presentes. Está científicamente comprobado que las consecuencias del alcohol en los adolescentes son mayores y a largo plazo, por lo que tener una correcta educación sobre el tema es importante.

Aunque parezca increíble, los niños de hoy en día experimentan con alcohol por primera vez a los doce años en promedio, el 80 por ciento de los adolescentes se ha emborrachado una vez antes de terminar el colegio, y muchos ya son considerados como alcohólicos a temprana edad.

Sin duda alguna, el alcohol es la droga más usada por los jóvenes, y con efectos tan dañinos como el tabaco, la marihuana y otras drogas tal vez más estigmatizadas; se ha convertido en un hecho común en nuestras vidas que está presente en celebraciones y eventos varios a los que nuestros hijos pueden ir.

Entre las características de esta etapa de la vida predominan la rebeldía, los retos, el gusto por acudir a los antros y a fiestas, la confusión en el proceso de desarrollo físico, de identificación personal, de adaptación a la familia, a la escuela y a la sociedad; así como “las pruebas” que los jóvenes sienten que deben pasar para demostrar que ya son “grandecitos”, como lo es ingerir bebidas alcohólicas.

El problema es que además de que no comprenden el riesgo que esto significa para su vida, su salud y su integridad física y emocional, ya que pueden llegar a perder la vida, tampoco comprenden que el alcohol no los va a hacer mejores, ni les va a solucionar ningún problema. Al contrario, les va a generar otros muchos más y aquellos que los retan a que lo consuman, no son sus verdaderos amigos, ya que cuando estén en problemas o enfermos, ellos no van a tomar su lugar para evitar lo que pueden pasar o sufrir.

Teniendo en cuenta esos datos, es importante saber cómo proteger a nuestros hijos en esos años tan cruciales de su vida, sin llegar tampoco a estigmatizar. Debemos educarlos en el hecho de que beber alcohol hasta que el cuerpo no aguante más no es lo común, y que no está bien.

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También, tienen que entender que físicamente, su cuerpo está desarrollándose, por lo que con muy poca cantidad de bebidas etílicas será suficiente para intoxicarse. Además, su control social y emocional, así como su poder de decisión es menos firme que en un adulto, por lo que es común que se dejen guiar por sus amigos, no sepan controlarse y beban en exceso.

¿Cómo cuidar a nuestros hijos, entonces? Primero que nada, hay que fijar una postura respecto al tema y ser consecuentes con nuestros actos. Si decimos que “es malo” pero en una fiesta familiar, los padres perdemos el control frente a nuestros hijos, estaremos dando un mensaje incorrecto, por lo que hay que ser modelo del consumo responsable.

Es importante que nuestros hijos sean conocedores de que los medios de comunicación presentan anuncios donde se muestra que el alcohol es algo atractivo e inofensivo aunque en realidad, éstos están hechos para conseguir compradores.

Animar a los adolescentes a participar en actividades recreativas después de la escuela los mantendrá alejados por momentos de que caigan en el abuso del alcohol.

Ahora bien, si hay algunos indicios de que nuestros hijos están bebiendo de más como oler a alcohol en un horario no común, tener un nuevo grupo de amigos que no quieren presentar, faltar a clases o a tener problemas en la escuela, perder interés en actividades que solían disfrutar, cambios drásticos en el estado de ánimo o simplemente, se desaparece el alcohol de la casa, es importante hablar con ellos y mostrar preocupación, pero no con sermones ni hacerlos sentir culpables.

Ante todo, escuchemos lo que tienen que decir. Es muy importante establecer una comunicación con los hijos. Ellos necesitan saber que pueden ser honestos con nosotros, lo que hará posible que se acerquen a nosotros con los problemas por los que están pasando.