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Muchos de nuestros hijos crecen exigiendo, arrogantes e insatisfechos. Llega un momento en su vida que no tienen alicientes, ni inquietudes, ni desafíos. Sin darnos cuenta, los hemos educado para que sean unos perfectos inútiles.

hijo dependiente

¿Por qué? Porque han llevado una vida cómoda, una vida “burbuja”, irreal y sobreprotegida. No se trata de buscarles experiencias desagradables para que se curtan, pero sí se de permitir que aprendan del día a día, de las pequeñas dificultades y frustraciones; de favorecer que se fortalezca su carácter y se sientan seguros ante los desafíos normales, sin necesidad de depender de la protección o de la reafirmación de sus padres.

Conseguir un hijo dependiente e irresponsable es muy fácil. De hecho, muchos padres lo consiguen sin proponérselo y para ello, hay algunas pautas que debemos tener presentes de lo que posiblemente estemos haciendo mal:

– Justificar todos sus actos y echar la culpa a los demás o a las circunstancias. Nuestro hijo siempre es una víctima inocente.

– Protégele para que no sufra. Evitar que se decepcione, que se frustre o se enfade; evitarle el dolor de sufrir por los demás; evitar que se caiga y así no tendrá que esforzarse en levantarse.

– Tratar de que no le falte nada. No es necesario que pase por las mismas carencias que hemos pasado nosotros. ¿Por qué tiene que prescindir de la Wii o del último modelo de ordenador si podemos permitírselo?

– Razónale todo lo que le pides y nunca se te ocurra utilizar tu autoridad. Lo mejor para él es que obedezca porque quiere obedecer y lo cree justo; y nunca porque se lo pide su padre/madre.

– No exigirle demasiado porque no sea que se canse y se agobie. Bajar nuestras expectativas para que pueda llegar a ellas sin esfuerzo.

– Fomentar su autoestima “sea como sea” a través de la disculpa de lo que hace mal, alabarle y halagarle en cualquier circunstancia; así tendrá una alta autoestima, falsa pero alta.

– Motivarle a todas horas, hacerle planes, buscarle distracciones. Organizarle nosotros la vida para que no se aburra y sea muy, muy feliz.

– Atender todas sus demandas de ayuda como organizar su armario, prepararle la mochila, buscar el libro que ha perdido.

– Organizar nuestra vida en torno a él. Si bien nuestro hijo es lo más importante, nuestra vida no puede girar en torno a él como si fuera el centro del universo.

– Evitar confrontaciones con nuestro hijo, no decirle nunca “no” y así evitaremos las luchas de poder.