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Sin duda, la frase “Me costó un ojo de la cara” es de esas que se han heredado de generación en generación sin saber su origen. Se suele utilizar para describir cuando alguna cosa resulta muy cara.

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Todo inició en el siglo XVI, cuando los españoles peleaban con los incas por la región que hoy conocemos como Perú. Después de varios años de batallas comandadas por Francisco Pizarro, llegaron los refuerzos españoles de Diego de Almagro, y entre los dos lograron doblegar al pueblo inca.

En una de las contiendas, Diego de Almagro fue impactado por una flecha en el ojo y en consecuencia, lo perdió. Tiempo después, cuando rindió cuentas al emperador Carlos I sobre sus andanzas americanas, le dijo: “Defender los intereses de la Corona me ha costado un ojo de la cara”. Pronto la frase se difundió entre sus soldados, quienes la emplearon para definir las misiones más arriesgadas.

Como dato curioso, la mayoría de las representaciones pictóricas tras el incidente, muestran a Diego de Almagro de perfil y no de frente, para ocultar tal ausencia.