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El maltrato infantil es una situación que bien puede presentarse en todas las clases sociales, aunque la incidencia parece ser un poco mayor en niños que viven bajo condiciones socioeconómicas de pobreza.

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Hasta el momento, existen diferentes explicaciones sobre este tipo de actitudes por parte de los adultos y se ha visto la influencia -de alguna manera- que tienen las situaciones de gran estrés, que hacen que toda la furia de la persona recaiga en el niño. Pero además, en muchos de los casos, quien comete el abuso tiene antecedentes de haber sufrido el mismo tipo de agresión durante su infancia o es una persona que tiene muy poca capacidad de controlar sus impulsos.

Es obvio que por las diferencias de tamaño y fuerza entre adultos y niños, éstos últimos sufren grandes lesiones que pueden incluso causarles la muerte. También, cabe considerar que muchos padres perciben como justos los castigos implementados, o perciben la desproporción del castigo ofrecido con las supuestas faltas cometidas, que se justifica de alguna manera. Es considerable que los mismos adultos golpeadores suelen manifestar y percibir que han golpeado a sus hijos en muchas menos ocasiones de lo que realmente lo hacen. Si bien, algunos adultos golpeadores suelen manifestar algún afecto posterior como arrepentimiento o lástima, en muchos casos se trata de padres que están a favor del castigo físico que se emplea para “corregir” a los hijos.

Condiciones como la pobreza, nivel educativo bajo, paternidad o maternidad en personas que como tal, no han consolidado un hogar, el abuso de sustancias psicoactivas como las drogas y el alcohol, y otra serie de factores, se han relacionado con estas agresiones, aunque siempre hay que tener en cuenta que el maltrato infantil se puede dar en todas las clases sociales.

Los efectos que produce el maltrato infantil, no cesan al pasar la niñez, mostrando muchos de ellos dificultades para establecer una sana interrelación al llegar a la adultez.

Algunos niños sienten temor de hablar de lo que les pasa porque piensan que nadie les creerá. Otras veces, no se dan cuenta que el maltrato del que son objeto es un comportamiento anormal y así aprenden a repetir este “modelo” inconscientemente.

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La falta de un modelo familiar positivo y la dificultad en crecer y desarrollarse copiándolo, aumenta las dificultades para establecer relaciones sanas al llegar a adulto. Puede que no vean la verdadera raíz de sus problemas emocionales, hasta que al llegar a adultos busquen ayuda para solucionarlos.

Para muchos niños que sufren de maltrato, la violencia del abusador se transforma en una forma de vida. Crecen pensando y creyendo que la gente que lastima es parte de la vida cotidiana; por lo tanto este comportamiento se torna aceptable y el ciclo del abuso continúa cuando ellos se transforman en padres que abusan de sus hijos y estos de los suyos, continuando así el ciclo vicioso por generaciones.

El maltrato está catalogado como un problema doméstico, los victimarios suelen ser la madre, el padre, ambos padres o algún familiar cercano. La denuncia es poco representativa en estos casos, ya que en ocasiones, se cuenta con la complicidad de familiares, e incluso vecinos, quienes suelen darse cuenta de la situación que sufre el menor y prefieren callarla.

Ante esto, es necesario implementar mecanismos que permitan a los adultos detectar cuando un menor de edad es víctima de maltrato o abuso, así como impulsar la creación de una estadística nacional que permita conocer la realidad del maltrato y abuso infantil en el país, ya que en la medida que se conozca el fenómeno, se podrá actuar con mayor prontitud.

Una detección a tiempo permitirá intervenir canalizando los casos a las autoridades correspondientes con el fin de salvaguardar la integridad del menor.